PARTIDA

November 17, 2010Aguamala 1 Comment »

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Las bolsas de basura azul se iban acumulando junto a la puerta. Los montones de papeles y los libros ocupaban su lugar dentro de las cajas de cartón maltrechas que habían contenido los adornos navideños del bazar chino de la esquina puestos a la venta aquella misma mañana. La casa se iba quedando vacía. El desalojo fue precipitado, por la llegada inminente de la nueva inquilina y por un fin de semana consagrado a la celebración de la amistad, al amor a una de las dos mujeres que más quiero de este mundo y a los paseos por el paisaje de mi infancia. Un sólo domingo para vaciar una vida es demasiado poco tiempo para despedirse como es debido y el apremio te hace desafiar a los recuerdos para adecuarte a la cotidianeidad presente. Por eso, cuando a la tarde fui a arrojar lo poco que ya quedaba entre aquellas paredes blancas y vacias, me sobrevino un ataque de melancolía. Alguien había sacado las bolsas que había depositado en el contenedor pocas horas antes y había esparcido mi pasado sobre el suelo. Apuntes ahora innecesarios tomados con aquella indescifrable letra durante la carrera, calcetines cuyo par había desaparecido y que inútilmente había conservado a la espera de que dormitaran en algún recóndito rincón del piso, jaboncitos de hoteles en los que ya no recordaba haber estado…Cosas insignificantes, sí, pero a duras penas contuve el impulso de recoger todo de nuevo y llevármelo conmigo. Me alejé de aquella engañosa intimidad que ya no era más mía y terminé de empaquetar.

Vacía la casa respiré por última vez la nostalgia del pasado. Vacía la casa, deshabitado lo material, pero tan atestado todo lo demás: los recuerdos se marchan conmigo y ocuparán su lugar dentro de mí, apesar de que el hueco es afortunadamente escaso. Nunca me había sentido tan rebosante como me siento en estos días…en estos días tan felices.

Aguamala

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LA JAULA

November 11, 2010Aguamala No Comments »

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Rutinariamente intercambio sus pulseras identificativas. Un pequeño experimento personal convenientemente ocultado al jefe del proyecto. Al fin y al cabo no son más que un placebo para su amnesia inducida. Algo que les recuerda que son seres diferentes a estos que les observamos. Que son humanos.
Qué fácil fue acabar con aquella oleada de suicidios entre los primeros sujetos. Un trozo de plástico con nombre y apellido, y de la sensación de identidad les surgió una impetuosa motivación vital. Los observo cada mañana cuando despiertan a su narcótica desmemoria. Hasta ahora ninguno se ha reconocido en muñeca ajena. Tal vez espero demasiado de estos desterrados.

Aguamala

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ROSA ROSAE

October 27, 2010Aguamala No Comments »

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Corté con delicadeza la que sabía sería la última rosa de aquel año. No había más, ni las habría durante los fríos meses que estaban por venir. Me lo decía el viento otoñal que hacía tintinear los enganches sueltos del toldo contra el armazón de hierro al que cubría, y el balanceo de la hamaca que pronto habría que proteger de la lluvia. La observé a través de la puerta. Escribía tumbada en el sofá, absorta, con el ordenador apoyado en los muslos. Por un instante tuve la sensación de que siempre había estado ahí.

El tiempo había transcurrido como una transición en miniatura y su presencia se había convertido en algo cotidianamente placentero. Poco a poco, casi sin querer, había ido llenando mis cajones, los más pequeños, esparciendo algunos papeles sobre mis mesas, compartiendo mis perchas. Sin devorar mi espacio, sin pomposidad, sin ruido. Sin desmontarme la vida para organizarme los armarios. Como si sólo hubiese derramado unas gotas de su apariencia en cada rincón.

La observaba, y apenas me recordaba a aquella madrugadora y anónima pianista con la que me topé hace dos años. O tal vez no, tal vez era la misma, y siempre había estado tendida en aquel sofá rojo. Tal vez era yo el que había cambiado, el que había aprendido a dormir por las noches, el que no necesitaba gafas de respuesto, el que había llenado de flores frescas el zaguán recién limpiado.

No voy a interrumpirla. Le dejo la rosa sobre el cojín y me escabullo de nuevo a la terraza.

………

Una visita de tres meses no es más una visita. Últimamente he visto quebrarse las fechas de vencimiento en demasiadas ocasiones. Afortunadamente. ¿Es ese tu regalo para mí? Me has malacostumbrado a vivir sin plazos. Ya no me llena de perplejidad que terminen los días, las semanas o los meses. Que los viajes se realicen. De principio a fin. Que todo acontezca. Hace tiempo que dejé de hacer planes con el único fin de imaginar cómo se desvaratarían. Los sueños cumplidos se superponen a los principios de incertidumbre, y la fuerza de la entrega engulló al instinto de supervivencia….casi desde el inicio.

De la separación primigenia nació un terceto, como una plegaria, como un augurio: El viaje en soledad de la medusa, hacia aguas más templadas y más claras, culminó en tu mirada limpia y pura.

Ya no somos más los tres que fuimos. Rosa Rosae. Domus Domus. Canis Canis. Ahora somos, más que nunca, los tres que seremos.

Gracias por la primera flor del invierno.

Aguamala


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TERRAZA

September 23, 2010Aguamala 1 Comment »

23 #2
Lo vertical es excepcional en este atardecer de otoño perfeccionista.
Las montañas invadidas se derraman con lentitud horizontal hasta hundirse en la ciudad de tu insomnio.
El cielo sostiene bocanadas de humo que se mueven paralelas tras nacer de tu ventana.
Leo mis versos del alma regalados a otra ausencia y el pasado me susurra que fui un ser apaisado en estado de coma. Mi suelo de metal infranqueable y mi cielo avaro en milagros.
El tiempo se volvió ingrávido en la memoria y el espacio exterior se hizo un hueco en las entrañas.
La moneda de cambio se arrojó al tronco vacío de un castaño y las ciudades dejaron de ser invisibles.
Y parece que nada cambia cuando todo ha cambiado.
Casi sin darte cuenta dejaste de disculparte. Casi sin darme cuenta dejé que me aprendieras.
Anochece y lo horizontal fluye mientras me levanto.

Aguamala

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SUSURRO

July 15, 2010Aguamala No Comments »


fuego2Un laberinto de tres pisos que olía a aceite quemado nos obligó a bajar de la tercera a la primera planta para poder subir a la segunda. La habitación grande, oscura y atestada nos recibió con un golpe de calor transpirado y húmedo. La música atronante nos llegaba desde un escenario que no veíamos, pero que intuíamos entre destellos blancos asincrónicos. Nadie podría saltar desde allí por mucho que lo reclamasen. Nos quedamos a la entrada de la gruta, donde los menos valientes preferían respirar a ver. Un programa fue un abanico improvisado y una pared un buen lugar donde apoyar el hombro izquierdo.

-Tenía veinticuatro años cuando escuchaba esto.
-Yo tenía dieciocho.

Introdujiste tus brazos cansados en el hueco de los míos y abrazaste mi cintura. Acercaste tu cara a la mía hasta rozar mi nariz con la tuya. El panfleto dejó de abanicabar y las gotas de sudor que a duras penas se habían mantenido a raya comenzaron a brotar de mi nuca y mis sienes.

-Si hubiera sabido entonces lo que sé ahora…..

Rozaste mi mejilla con tus labios hasta llegar a mi oreja y susurraste:

-…..te habría buscado.

Aguamala

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BLANCO

June 8, 2010Aguamala 2 Comments »

Danae_by_Van_Loo

Descamadas por reiteradas, las palabras
son paradojas racionales bajo los dedos
astros de saldo en verano e invierno
citas reincidentes sobre murallas acristaladas.

El ojo ajeno enajenado parece absoluto
hasta que escupe la mónada a la médula.
Indivisible e íntimo bajo la lente óptica
renace incierto el principio y sigue su curso.

La soledad se viste de azul desechable
de habitación contigua asintomática
de providencia misógina y sañuda
de moscas blancas desconcertadas.

Blanco es el miedo a las palabras
anunciantes de psiques quebradizas.
Costilla blanca por descarnar.
Eternamente blanca será la nada.

Aguamala

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SUITE SUBTERRANEA

May 8, 2010Aguamala No Comments »

Peter Mulvey

Querido Peter,

hace demasiados años. No te acuerdas, ¿verdad? Fue en mayo de 1993. Algún problema en el motor de mi coche que nunca alcancé a entender me sumergió en el subsuelo aquel día.

La parada de metro de David Square estaba concurrida, no excesivamente, pero sí lo suficiente como para que no tengas por qué recordarme en absoluto. Y eso a pesar de que aquella mañana dejé marchar hasta diez trenes sólo para verte tocar.

Estaba hipnotizada frente a tí.

Brillante y acústica la guitarra sobre tu muslo.

Plateado y de válvulas el micrófono frente a tus labios.

Pequeño y exquisitamente ecualizado el amplificador, a tu derecha.

Descolorido y rozado el estuche de un violín, sin violín, frente a tus pies. Abierto. Dividido en dos partes. A un lado tus Cds, al otro, un hueco donde se amontonaban algunos billetes de dólar.

Tocabas algo instrumental, con los ojos cerrados. Los metros llegaban y partían, balanceando el volumen de tus arpegios, acordes y punteos, ahogando por instantes tu música. Tenía que irme, pero no podía moverme. Comenzaste a cantar…..Otros tres trenes se marcharon mientras te metías con los poetas que hablan demasiado y piensan que a ellos todo les duele un poco más*.

Me acerqué y eché un vistazo a los Cds. “¿Interesada? Diez pavos. La canción que acabo de tocar está ahí.” Sólo acerté a decir: “ Se nota que has nacido para esto”. “Oh, muchas gracias. ¿Y para qué has nacido tú?”. Pensé: dicen que cocino muy bien. Estoy ahorrando para abrir un restaurante. Pero ya sabes…Esto es Boston. No es fácil. Entre tanto, preparo el almuerzo para un par de oficinas en el centro. Nada complicado. Pero no articulé palabra. Abrí una de mis cestas de mimbre y te ofrecí uno de mis sandwiches. “Mmmm. Veamos… ¿Y si te lo cambio por el CD?”. “No es un intercambio justo.”, susurré. “Oh, yo diría que sí lo es”.

Llegaba otro metro. Agarré el CD que me ofrecías y me escabullí con mis cestas en su interior. Tuve que inventar una gran excusa para justificar el plantón en el trabajo. Aquella mañana nadie comió mis bocadillos en las oficinas de AT&T y el McDonalds del centro comercial de la esquina tuvo un inusual repunte en sus beneficios, lo que le valió un pequeño ascenso y el título de empleado del mes a su encargado, Samuel Jones. Mientras, cerca de allí, un grupo de vagabundos disfrutó de una inesperada merienda a orillas del Mystic River.

Arreglaron mi coche. A pesar de eso volví unas cuantas veces al metro. No hubo suerte.

No he dejado de escucharte en todo estos años. Diez mil mañanas entre trenes. Apuesto a que, de vez en cuando, echas de menos tu música sin sol con olor a estrés. Ha pasado el tiempo y he visto que las cosas te han ido bien. Tus discos ya no se cambian por bocadillos y escribes cartas a tus hijos desde máquinas voladoras. Te lo mereces. Te lo dije: naciste para esto. A mí no me ha ido mal tampoco. Tengo un pequeño café en Myrtle Street.

¿Vendrás? Invita la casa. Se llama Black Rabbit**.

Con cariño,

Cynthia.

*Trouble with Poets. (link)

**Black Rabbit. (link)

***Y este de regalo para tí, ladrón de florines, because “you know me” (link)

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LEEME

April 22, 2010Aguamala 4 Comments »

Stethoscope_001

Dos de la madrugada. La locura y el desorden de urgencias contrastaban con la calma y el silencio de aquella novena planta. Agotado, vencido por el descontrol, cruzó el pasillo en penumbra con la cabeza baja. Se paró a revisar a un par de pacientes a los que había cambiado la medicación. Entró en su despacho y se sentó frente al escritorio. No podía dormir. La noche lo activaba. Decidió poner al día las últimas historias. Mientras el ordenador se encendía buscó en su bandolera el tabaco de las guardias. Fue entonces cuando reparó en un sobre blanco que no recordaba haber puesto allí: “LÉEME”, decía.

Reseña de un médico poeta
.
Padece de empatía.
Sana, enferma o muere
a la par de los pacientes.
Ofrece su cuello a degüello,
el primero,
a edipos de sonrisa de oro.
Se considera desastre y vuela
pero sólo hay ventura cuando pisa.
.
Muda su piel frente a la sierra
cada otoño y cada primavera.
Amasa reproches en invierno
y en verano pierde apuestas.
Diseña carteles con luces de neón
para su terraza de Las Vegas.
.
Tiene labios de geografía confusa
con estrías cambiantes y difusas
letras mengüantes de historias mutantes
que evidencian su estado de ánimo.
.
Orina anécdotas sobre la luna
en las madrugadas escarchadas.
Juglar de la vida de sus juglares,
soldado desconocido de tertulias
reclutado por Calíope para sus batallas.
Orfeo regresado del inframundo
que compone una nana improvisada.
.
Renace a la vida en el desierto
donde llena de lluvia su boca
y toman olor a tierra mojada
su pecho, su cuello y su nuca.
.
El médico poeta receta insomne
poemas sobre la almohada
que luego olvida
tatuados en mi espalda.
Origina tifones en mi ombligo
y a la orilla de mi vientre
suspira oleaje de marejada.
.
Sólo compone, el poeta,
cuando arrecia la tormenta
cuando se desmorona la montaña
bajo los pies de musas inquietas.
.
Vacío el cuaderno cuando rige el sosiego.
Seco el tintero cuando gotea la calma.
Dos meses lleva, el poeta,
sin escribir una palabra.
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TUS PREOCUPACIONES

April 7, 2010Aguamala 5 Comments »

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En mi regazo duermes
mientras me despido
de un Véneto renacido a Baco.

Tus preocupaciones
se me clavan en el costado derecho
con la afilada certeza
de no poder segarlas.

Se paga la respetabilidad
y a veces es demasiado cara.

De caminar lento
sereno movimiento
elegante y comedido,
civilizado, callado,
barba entrecana, poco cuidada,
veneciano nacido lejos de Venecia.

Demasiado tarde para ambigüedades
tu olor ha penetrado ya en mi ropa.

Cruje tu cabello entre mis dedos,
espigas secas fuera de cosecha.
Amaso tu mar de preocupaciones
para empequeñecerlas
y que al despertar,
sin saber por qué,
puedas acariciarlas
como se acaricia a un cachorro
al que no se teme.

Demasiado tarde para trampas
tu olor ha penetrado ya en mi alma.

Que se queden en recuerdos
los cuadernos de viaje,
los capuchinos que se enfrían
en la estación sobre una mesa.

Escribe al despertar las palabras
bajo las sábanas
deja que allí se pierdan.
Yo amasaré, mientras duermes,
una a una tus preocupaciones.

Demasiado tarde es para nada,
tu olor ha penetrado ya en mi cama.

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PESADILLA

March 18, 2010Aguamala 1 Comment »

pesadillaMaxim conduce en silencio, con ambas manos en el volante. La oscuridad que duerme al día desdibuja su perfil de resucitado taciturno. Su mirada está perdida en la carretera por la que el coche se desliza casi por inercia. Parecemos volar sobre un asfalto que se ennegrece súbitamente a la sombra de una luna consumida. “Maxim..”, le susurro. Su rostro grave no se inmuta. “Falta poco”. “Falta poco… ¿para qué, Maxim?”. No hay respuesta. Un frío lacerante penetra por las ventanas abiertas. Le observo suplicante y me estremezco en el asiento de copiloto. Pierdo la noción del tiempo. Ya es noche cerrada. El coche se abre camino en la nada, agrietando la densa negrura con la mortecina luz de los faros.

Frena con suavidad y se detiene a un lado de la carretera. Sin mirarme, tras respirar hondo, me pide que baje. “Pero Maxim… ¿de qué hablas?…” “¡Que te bajes he dicho!”, me interrumpe con violencia. Me precipito instintivamente al exterior, temblando. “Ha vuelto y me espera, después de esperarla yo tanto. Me aguarda en Manderley”. “Pero Maxim, ¿de qué hablas? Manderley ya no existe. Tú y yo vimos cómo ardía. Cenizas. Eso es todo lo que allí queda”. Se gira hacia mí con una sonrisa relajada y afectuosa. “No has cambiado. Sigues siendo aquel potro asustadizo con el que me topé en Montecarlo, tan inocente. Pero sabías que este momento llegaría. Vuelvo a Manderley, y tú tienes que quedarte aquí”. Arranca el coche y se marcha, mientras yo, inmovilizada y enmudecida en aquella cuneta silenciosa y oscura, comienzo a descomponerme lenta e irreversiblemente, ahogándose hasta la última de mis partículas en la inexistencia más absoluta.

Es entonces cuando despierto, sin brusquedad, a una luz cegadora. Tres parpadeos me regalan la borrosidad de una ventana encendida a los pies de la cama. Todo parece teñido de un naranja tenue: las sábanas, el calor, el silencio, el olor. Recobro la consistencia lentamente, como si la claridad materializase célula a célula mi cuerpo sobre el colchón. Me giro para ver la silueta de Maxim, que desnudo y tibio a mi derecha, descansa de costado sobre la almohada. Y llega, con la luz, la calma. Y mientras le abrazo y beso en la nuca furtivamente, me reconforto en mi felicidad madura, en la llegada de un nuevo día, en ese instante que ni la peor pesadilla podrá decolorar jamás en mi memoria futura: justo ahora, ante mí, veo otro amanecer en su espalda.

“Tiene una paciencia admirable y nunca se queja; ni siquiera cuando se acuerda…, lo cual ocurre, me parece, con más frecuencia de lo que él quisiera darme a entender.Lo noto, porque algunas veces se queda de repente como perdido y ensimismado; se borra la expresión de su cara querida, como si una mano invisible se la hubiera robado, y en su lugar aparece una máscara, esculpida, rígida, helada, siempre bella, pero sin vida. Comienza a fumar cigarrillo tras cigarrillo, sin molestarse en apagarlos, y las colillas, encendidas aún, van cayendo al suelo como pétalos.”

Rebeca, Daphne du Maurier (1938).

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